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jueves, abril 23, 2026

La Serena: Yolanda Esquivel Díaz. Raíces de sabiduría diaguita

“Proyecto financiado a través del FFMCS 2024”

En el paisaje montañoso de la región de Coquimbo se encuentra la historia de Yolanda Esquivel Díaz, una mujer que, a sus 67 años, ha vivido un viaje de descubrimiento y reafirmación de su identidad cultural como parte de un pueblo originario. Desde su nacimiento en 3 Cruces hasta su carrera en la educación y su reciente incursión en las terapias complementarias, Yolanda representa la resistencia y el deseo de transmitir su legado a las nuevas generaciones.

La infancia y el descubrimiento de su identidad

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Yolanda comparte con nostalgia sus recuerdos de infancia en 3 Cruces, un pequeño pueblo entre Paihuano y Rivadavia. Su nacimiento, en una época en que los hospitales eran escasos, fue asistido por una partera, un testimonio de las tradiciones que aún perduran en su cultura. «Nací en un hogar donde las costumbres y el conocimiento ancestral eran parte de la vida cotidiana», dice Yolanda, mientras rememora los días de su infancia. A los cinco años, su familia se mudó a Horcón y luego a Vicuña, un cambio necesario para su salud, ya que la altura le afectaba.

A los 14 años, la vida llevó a Yolanda a La Serena, donde se inscribió en un internado de la Escuela Técnica. «Aquí, me enfrenté a un nuevo mundo, lleno de retos y oportunidades. Me encantó la idea de poder estudiar y construir un futuro», expresa con una sonrisa. Su determinación la llevó a obtener su título de técnico en educación parvularia, un camino que marcó su vida laboral.

Redescubriendo su cultura y raíces

Fue en este camino que, en 2019, Yolanda recibió su acreditación como parte de un pueblo originario. Este reconocimiento no solo fue un hito personal, sino también un impulso para investigar y profundizar en sus raíces culturales. «Nunca imaginé que pertenecía a un pueblo originario hasta que una colega me lo sugirió. Empecé a buscar información y descubrí que mi abuela paterna, Rosa Torres Ahumada, era de ascendencia diaguita», confiesa. A través de su abuela, Yolanda comenzó a rastrear su linaje, dándose cuenta de la riqueza de su herencia.

La conexión con su abuelo paterno, también se vuelve fundamental. «Él tenía una habilidad increíble con la caña y la agricultura. Aprendí tanto de él; muchas de las habilidades que tengo hoy se las debo a él», comparte. La herencia cultural se manifiesta en su deseo de enseñar a los niños sobre las tradiciones y prácticas de su pueblo. «Quiero que comprendan la importancia de nuestras raíces y cómo esas tradiciones nos definen», afirma con convicción.

La medicina tradicional y el biomagnetismo

Aunque Yolanda ya no está en el ejercicio de la educación, ha encontrado un nuevo camino en la medicina complementaria. Actualmente, está a punto de finalizar un curso de biomagnetismo, donde aprenderá a detectar enfermedades antes de aplicar tratamientos. «Quiero ayudar a las personas, y el biomagnetismo es un complemento de la medicina tradicional», afirma con determinación. Este interés por la medicina complementaria se entrelaza con su deseo de reconectar con su cultura ancestral, que siempre ha visto en las hierbas y plantas una fuente de sanación.

«La gente no sabe cuánto poder hay en nuestras hierbas medicinales. Crecimos usando estas plantas porque no había hospitales cercanos», explica, revelando la sabiduría que se ha transmitido en su familia. Desde pequeña, aprendió a identificar y utilizar diversas hierbas, un conocimiento que la ha acompañado a lo largo de su vida. «Mis padres y abuelos me enseñaron a reconocer las plantas curativas. Es un legado que quiero compartir», enfatiza.

Además de biomagnetismo, Yolanda se está formando en la medicina basada en hierbas, un conocimiento que trae de sus antepasados. «Cada planta tiene su propia historia, y cada remedio que preparamos es un reflejo de nuestra cultura. Es fundamental que las nuevas generaciones conozcan y valoren esta sabiduría», subraya.

Un legado cultural en acción

Mientras Yolanda comparte su historia, se nota la pasión en su voz. A pesar de las dificultades que ha enfrentado, su resiliencia brilla. «A veces me siento discriminada, especialmente por ser mujer. Cuando entré a la universidad, era la única mujer entre hombres. «Me cuidaron como si fuera su hija, y eso me ayudó a encontrar mi lugar en un entorno complicado», comenta. Este sentido de comunidad ha sido un pilar en su vida, y ahora, en su etapa de reinvención, busca formar una comunidad familiar para seguir compartiendo su legado.

Formando una comunidad de tradición

Yolanda está actualmente involucrada en la formación de una comunidad basada en sus tradiciones. «Queremos que nuestros hijos y nietos mantengan vivas nuestras raíces. Todos en la familia tienen habilidades, y juntos podemos crear un espacio para compartir nuestra cultura», afirma con esperanza. Este esfuerzo refleja su deseo de que las futuras generaciones no solo conozcan su historia, sino que también la valoren.

«Estamos trabajando en proyectos que nos permitan visibilizar nuestras tradiciones, como la elaboración de artesanías y la organización de talleres donde se enseñen nuestras costumbres», comparte. La idea es crear un espacio donde la cultura diaguita pueda ser celebrada y preservada. «Es un camino largo, pero estamos comprometidos con nuestra identidad», dice, mostrando una actitud optimista.

Yolanda también habla sobre la importancia de transmitir la historia de sus antepasados. «Es esencial que nuestros jóvenes conozcan su linaje. La historia no solo se cuenta; se vive. Queremos que entiendan el valor de nuestras tradiciones y cómo estas nos han moldeado», enfatiza. Este deseo de enseñanza es una parte integral de su vida, y Yolanda se siente motivada a continuar trabajando en este ámbito.

Cultura alimentaria y tradiciones culinarias

La conversación fluye hacia las tradiciones culinarias que han perdurado en su familia. «Cocinamos charquicán, tortillas, y usamos harina de pesón. Estas recetas son parte de nuestra cultura diaguita», dice, mostrando cómo la alimentación también es un reflejo de su identidad. «La comida es un vehículo para transmitir nuestra cultura; cada platillo cuenta una historia y lleva consigo el legado de nuestras costumbres», enfatiza.

Las comidas que prepara son más que simples recetas; son rituales que mantienen viva su cultura. «Cada vez que cocino, siento que estoy honrando a mis antepasados. Es una forma de mantener su memoria viva», afirma con emoción. Yolanda comparte que ha comenzado a involucrar a los niños en la preparación de estas comidas, enseñándoles sobre los ingredientes y su significado. «Ellos son el futuro, y es fundamental que conozcan de dónde vienen», dice con determinación.

Reflexiones sobre la educación y el futuro

A medida que la conversación avanza, Yolanda reflexiona sobre su carrera en la educación. «La enseñanza ha sido una parte fundamental de mi vida. Aunque ya no estoy en el ejercicio, cada experiencia en el aula me ha dejado una huella», afirma con melancolía. Su deseo es que sus alumnos no solo aprendan materias académicas, sino que también comprendan el valor de su cultura y su historia.

«El sistema educativo a menudo pasa por alto la diversidad cultural. Quiero que mis alumnos, y ahora los niños de mi familia, conozcan la riqueza de nuestras tradiciones y cómo estas pueden ser parte de su identidad», dice con pasión. Yolanda está comprometida a seguir luchando por una educación inclusiva, donde cada niño tenga la oportunidad de aprender sobre sus raíces.

A medida que se despide, Yolanda reafirma su compromiso de seguir aprendiendo y compartiendo. «La educación y la cultura son mi pasión, y no voy a dejar que se pierdan. Es mi deber como mujer y como miembro de un pueblo originario», concluye, dejando una estela de inspiración para todos aquellos que buscan conectar con sus raíces y construir un futuro más inclusivo.

La historia de Yolanda Esquivel Díaz es un poderoso recordatorio de la importancia de la identidad y la cultura. En un mundo donde la discriminación aún persiste, su voz y su compromiso son fundamentales para la reconstrucción de su legado cultural. A través de su trabajo en el pasado con niños, su formación en medicina complementaria, y su deseo de formar una comunidad, Yolanda sigue sembrando semillas de esperanza y sabiduría, conectando el pasado con el futuro.

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