
“Proyecto financiado a través del FFMCS 2024”
A los 59 años, Verónica Lazcano es una mujer que carga con un legado profundo de conocimiento ancestral, un vínculo inquebrantable con la tierra, y la misión de preservar las tradiciones diaguita y aymara que han sido la esencia de su familia. Oriunda de la cuarta región de Chile, su vida se entrelaza con la recolección de hierbas medicinales y la lucha por mantener viva la cultura de sus ancestros, en un contexto donde la discriminación y la falta de comprensión sobre las raíces indígenas aún persisten.
“Soy recolectora de hierba medicinal desde que tengo uso de razón”, declara Verónica con una calma que revela su largo camino recorrido. Este conocimiento lo aprendió de su abuela, una médica, hierbatera y partera, que con sus manos ayudó a traer al mundo a muchos niños en su comunidad. “También soy hija de un compositor de huesos”, añade, haciendo referencia a su padre, quien con sus conocimientos ancestrales sanaba huesos rotos y dolencias del cuerpo. Pero la tradición médica no termina ahí: Verónica también es sobrina de un médico muy conocido en la zona, Juvenal Lazcano, quien consolidó su reputación como curandero y sanador.
“Es un orgullo ser parte de esta familia, un linaje donde la medicina siempre ha sido algo fundamental”, reflexiona Verónica. La recolección de hierbas medicinales, que practica diariamente, es mucho más que una tarea, es un ritual sagrado que la conecta con sus antepasados y con la naturaleza. Estas plantas no solo sirven para curar el cuerpo, sino también para sanar el espíritu y mantener el equilibrio entre la comunidad y la tierra. Para Verónica, hablar de la medicina ancestral es hablar de historia, de resiliencia, y de un profundo respeto por los saberes antiguos que aún sobreviven a pesar de los cambios en el mundo moderno.

La discriminación por la vestimenta: Una lucha constante
Sin embargo, este compromiso con la preservación de su cultura ha venido acompañado de desafíos, especialmente en lo que se refiere a la discriminación. Verónica relata que cada vez que usa su vestimenta tradicional, ya sea en ceremonias o actividades culturales, suele ser objeto de burlas y comentarios despectivos. “Tengo que irme vestida de mi casa cuando hay ceremonias, y en el traslado sí he sufrido esa discriminación”, cuenta con un aire de resignación. “Me dicen cosas como ‘ridícula’, o que estoy ‘pasada de moda’, incluso que me faltó solo ‘la pluma’”, comenta, recordando las palabras hirientes que le han dirigido extraños en la calle.
Verónica ha aprendido a sobrellevar estos insultos con fortaleza, aunque admite que no siempre fue así. “Antes, cuando era más joven, esas palabras me afectaban mucho”, confiesa. En su adolescencia, sentía el peso de la incomprensión y la ignorancia sobre sus raíces. Las miradas despectivas y los comentarios hirientes la hacían cuestionar si debía seguir usando su vestimenta. Hoy, esa realidad ha cambiado. Con la madurez y la reafirmación de su identidad, Verónica ha adoptado una actitud más firme frente a la discriminación. “Ahora lo veo distinto. Pienso que esa persona que me ofende es porque le falta cultura, le falta conocimiento”, dice con convicción.
Para Verónica, el problema radica en la falta de información y en los estereotipos que aún persisten sobre los pueblos originarios. “Mucha gente no sabe por qué las personas se visten así, no comprenden la importancia de nuestra vestimenta”, explica. En su caso, portar el traje tradicional es una forma de reconectar con sus raíces, de honrar a sus antepasados y de continuar cultivando una cultura que muchos intentaron borrar. “Independiente de si eres diaguita, aymara o perteneces a otro pueblo originario, llega un momento en que sientes la necesidad de volver a cultivar esas raíces”, afirma.

Apoyo institucional: Un oasis en medio del desierto
A pesar de las dificultades, Verónica ha encontrado apoyo en diversas instituciones, lo que le ha permitido llevar adelante proyectos importantes en su comunidad. Uno de estos es la “ruta de las hierbas”, una iniciativa que permite a los visitantes aprender sobre las propiedades medicinales de las plantas nativas de la región. Este proyecto cuenta con el respaldo de la Oficina de Asuntos Indígenas, entidad con la que Verónica ha trabajado estrechamente. “Me he acercado bastante a ellos, y he tenido una buena acogida. Siempre me apoyan cuando necesito ayuda para organizar la ruta de las hierbas”, comenta. Además de brindar apoyo logístico, como mesas y sillas para las actividades, esta Oficina también la ha invitado a dar talleres sobre la cultura aymara y su relación con la medicina tradicional.
Verónica reconoce que ha tenido suerte en encontrar este tipo de respaldo institucional, pero también subraya la importancia de que las autoridades se involucren más en la promoción de las culturas indígenas. “Creo que he tenido suerte, porque no todas las personas tienen el mismo acceso o apoyo. Pero es necesario que se promueva más nuestra cultura y que se valore lo que hacemos”, afirma.
El municipio también ha jugado un rol clave en su labor. Además del apoyo para la ruta de las hierbas, han sido un pilar en la organización de eventos culturales donde Verónica ha podido compartir sus conocimientos y vender productos elaborados a partir de las plantas medicinales que recolecta. Estos espacios no solo le permiten generar ingresos, sino también continuar educando a las nuevas generaciones sobre la medicina ancestral.
Cooperativa Pacha: Mujeres que sostienen la cultura
Verónica no está sola en su lucha por preservar la tradición. Forma parte de la cooperativa Pacha, un grupo de mujeres aymara que trabajan juntas en la elaboración de productos derivados de las hierbas medicinales. “En la cooperativa hacemos de todo: secamos las hierbas, las preparamos, y las envasamos”, explica. Además, elaboran jabones, velas aromáticas y artesanías, todas inspiradas en la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas. “Trabajamos juntas y nos apoyamos, compartimos nuestras vivencias, nos aconsejamos”, señala Verónica.
Este esfuerzo colectivo ha sido clave para visibilizar el trabajo de las mujeres indígenas en la región. En mayo de este año, la cooperativa Pacha fue seleccionada para representar a Coquimbo en una muestra cultural en Arica, donde pudieron compartir sus conocimientos con otras comunidades indígenas del norte de Chile. “Fue una experiencia muy enriquecedora”, recuerda Verónica. “Aprendimos mucho de los pueblos del norte, son muy acogedores y, sobre todo, los niños muestran un gran interés por nuestra cultura. Nos hicieron muchas preguntas, querían saber más sobre las plantas, sobre la medicina”, relata emocionada.

La diversidad de las vestimentas: Un símbolo de identidad
Uno de los descubrimientos más significativos para Verónica durante su viaje a Arica fue la diversidad de las vestimentas aymara. “Yo siempre pensé que las vestimentas aymara eran negras, pero cuando llegué allá me di cuenta de que cada comunidad tiene su propia vestimenta”, señala con entusiasmo. Durante su estancia, pudo observar trajes de colores vibrantes como el azul Francia, el fucsia, el calipso, y el verde botella. “Fue impresionante ver cómo cada sector tenía su propia identidad reflejada en los colores y diseños de su vestimenta”, comenta.
Este descubrimiento la inspiró a investigar más sobre la vestimenta tradicional de su propia familia, en especial de su abuela, quien nació en el altiplano, entre San Pedro de Atacama y Bolivia. A partir de sus indagaciones, Verónica decidió confeccionar una vestimenta inspirada en los trajes antiguos que usaban las mujeres de esa región. “Me hice mi propia vestimenta basada en los colores que usaba mi abuela. No es negra como la mayoría de las vestimentas que se ven hoy en día, sino que tiene tonos beige y café, colores que reflejan el origen de mi abuela”, relata con orgullo.

Un futuro arraigado en el pasado
A través de su trabajo con la medicina ancestral y su constante lucha por visibilizar las tradiciones de su pueblo, Verónica Lazcano ha demostrado que la cultura diaguita-aymara sigue viva y resiliente, a pesar de los obstáculos. Su historia es un recordatorio de que las raíces profundas son difíciles de arrancar, y que mientras existan personas como ella, dispuestas a transmitir sus conocimientos y a desafiar la discriminación, las tradiciones ancestrales continuarán floreciendo.
Una historia de esfuerzo y sacrificio de una mujer que ha sabido sobreponerse a las dificultades que la vida le presenta. Hoy Verónica espera con ansias recuperarse de una lesión a raíz de una caída accidental, para volver al ruedo. Goza de ir a las muestras culturales, no por la oportunidad de vender las hierbas que son el fruto del esfuerzo de su trabajo, sino también porque le apasiona conversar con las personas que se interesan por la cultura y el legado invaluable de los pueblos originarios del país, por eso dice que muchas veces pasa más afuera de su puesto conversando con quienes pasan que vendiendo su producto, pero se siente feliz con eso porque tiene la instancia de entregarle a las personas más acerca de su cultura.
Por último, Verónica invita a todos a estar atentos a las ferias o muestras culturales que se realizan tanto en La Serena como en Coquimbo, para que todos los interesados puedan conocerla más de cerca y ver de primera mano todo el empeño y cariño que le ponen las mujeres de la cooperativa Pacha a la difusión de su milenaria herencia cultural, además de convidar a la población a participar de sus rutas de la hierba, las cuales organiza para educar a la gente sobre la recolección respetuosa y las aplicaciones de las hierbas medicinales.




